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8 formas de potenciar la imaginación de tus estudiantes

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8 formas de potenciar la imaginación de tus estudiantes

En los niños, la imaginación surge de una manera prácticamente innata. ¿Pero qué pasa cuando esos niños crecen? ¿Qué hacer para que esa imaginación continúe con el paso de los años?

Escrito por: Camila Londoño

abril 27, 2018

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Jangyoung

La imaginación durante el juego se da de forma natural en los niños. En los más grandes, por el contrario, es un hábito de la mente que debe ser potenciado y reforzado a lo largo de la vida. Se ha dicho que la imaginación es vital para el desarrollo del pensamiento y de la creatividad, sin embargo, deja de ser una prioridad cuando los niños crecen. En un estudio realizado en 2007 con profesores, un 68% de ellos afirmaron que creían que los estudiantes debían enfocarse en memorizar la respuesta correcta, en lugar de pensar a través de la imaginación.

El líder educativo Sir Ken Robinson afirma en su charla TED que los seres humanos nacen con una creatividad innata que, cuando ingresan en un sistema educativo, se ve limitada. Wendy Ostroff, autora del libro Cultivating Curiosity in K-12 Classrooms concuerda con esto y asegura que las escuelas se basan en conceptos, creando así una barrera entre las asignaturas “reales” y otras como el arte y la danza. Al carecer de flexibilidad y tiempo, los docentes se ven obligados a alcanzar resultados de aprendizaje concretos y seguir minuciosamente planes establecidos. Por su parte, los estudiantes responden, tratando de complacer a los profesores para obtener buenas calificaciones. Esto desemboca en la pérdida del interés en el tema o la materia y por supuesto en el bloqueo de la creatividad y la imaginación. Entonces, ¿cómo cambiar esto? Como la imaginación y la creatividad pueden transformarse en instrumentos útiles para desarrollar habilidades sociales y emocionales, Ostroff propone en MindShift, algunas estrategias que podrían implementar los docentes para activar la imaginación en sus estudiantes más grandes:

1. Mayor control

Deja que los estudiantes tengan más control en el aula. Darles más poder sobre el trabajo que realizan, puede activar su curiosidad. El objetivo, dice Ostroff, es demostrarles que el aprendizaje es por y para ellos. Algunos ejemplos son: permitir que los estudiantes entreguen tareas cuando las terminen, en lugar de un día específico; ofrecer un tiempo de escritura libre o invitar a los alumnos a que decidan cómo quieren ser evaluados.

2. Búsquedas en Google

Los motores de búsqueda ofrecen muchas respuestas y esto impide que los estudiantes piensen más allá. Estos motores como Google deberían ser entonces, el comienzo del aprendizaje, no el final. En este sentido, Ostroff recomienda la siguiente actividad: pide a tus estudiantes que hagan una búsqueda de algo que les parezca muy interesante. Después, diles que hagan clic en un link que les parezca más atractivo y luego, uno más. El objetivo es que hagan un seguimiento de lo que les interesa en cada enlace, para desarrollar una conciencia del proceso que están realizando. El objetivo es que entiendan que aprender no es encontrar una única respuesta, sino profundizar en ella para llegar a otro punto. En otras palabras, lo que propone Ostroff es permitir que los alumnos “se dejen llevar” por el aprendizaje.

3. Historias colaborativas

Leer y contar historias es una forma efectiva de aprender, por eso, para despertar la imaginación, Ostroff sugiere el siguiente ejercicio de creación de historias colaborativas: escribe las primeras líneas de una historia o poema en una hoja de papel, luego pasa la hoja para que los estudiantes la continúen. Cada alumno recibirá el papel por turnos, pero sólo podrá leer la última parte del texto. Para eso, es clave doblar el papel para ocultar todas las partes que se van agregando, excepto la más reciente. Este tipo de narración improvisada, mantiene a los estudiantes activos y pensando creativamente.

4. La improvisación

La improvisación es la práctica de contar historias o tocar música sin guiones. Un ejemplo de esto es la construcción de la historia colaborativa del punto anterior. Lo más importante de la improvisación es respetar una regla fundamental: la aceptación. Esto quiere decir que en un ejercicio de improvisación siempre se deben aceptar las contribuciones, independientemente de su aleatoriedad. Este ejercicio despierta la creatividad y la espontaneidad, y si se hace sin prejuicios, libera incluso a los más introvertidos.

5. Experiencias tangibles

Lo que es difícil de entender puede tener más sentido cuando cobra vida. Por esto, Ostroff sugiere hacer cosas tan simples como salir a buscar objetos, construir cosas y ejecutar experiencias prácticas. Si esto sirve con los más pequeños, también puede tener un impacto con estudiantes más grandes.

6. Garabatos

Muchas personas hacen dibujos rápidos o garabatos mientras escuchan a alguien. Esto es normal y sobre todo, útil. Por eso, la autora recomienda que los docentes permitan que sus alumnos hagan estos garabatos y además lo incluyan en el trabajo de la clase. Esto les ayudará a estar concentrados y aumentará su interés intelectual. ¿Cómo incluir esta actividad? Puedes darles cuadernos o hojas para que hagan garabatos mientras escuchan y luego pueden hacer un análisis de dichos garabatos. Además, puedes pedir a los alumnos que seleccionen uno o más dibujos para modificarlos en un proyecto de arte. El objetivo es ser conscientes del valor de los garabatos y entender cómo a través de éstos, se mejora la imaginación y el enfoque.

7. Un consejo creativo

Ostroff propone convertir la clase en una especie de “consejo creativo” compuesto por estudiantes visionarios y expertos que crean y buscan soluciones a problemas. Puedes pedirle a tus estudiantes que recomienden personas del pasado o del presente que puedan “sentarse” en este consejo y servir como fuentes de sabiduría. La idea es utilizar ese conocimiento de manera virtual. Entonces, por ejemplo, los estudiantes pueden escoger personajes como Marie Curie y especular acerca de cómo respondería ella a un determinado problema. Este tipo de colectivo obliga a los estudiantes a comprender mejor cómo piensa otro e incluso, proporciona una especie de “tutoría imaginaria”.

8. Aligerar

“El aprendizaje no es divertido”. Ese es el mensaje que muchos estudiantes reciben a diario, especialmente los más grandes, a quienes se les recuerda a diario que tienen que ser responsables y obtener determinados resultados. Por elementos como estos, los estudiantes pierden el interés por el juego y la imaginación, reemplazando esto por la determinación de hacer bien las cosas, sin importar si el proceso es o no es divertido. Ostroff entiende que hay “normas” y planes que los profesores deben seguir, sin embargo, propone aligerar o relajar un poco esos planes de clase, improvisar y darle más voz a los estudiantes. Así, no sólo podrán liberarse de una gran carga, también lograrán que los alumnos recuperen la alegría de aprender.

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2018-04-27T16:08:40+00:00 abril, 2018|Cómo aprenden los niños|0 Comments

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