Chile es el primer país latinoamericano en importar el método finlandés antimatonaje

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Chile es el primer país latinoamericano en importar el método finlandés antimatonaje

El método conocido como KiVa busca empoderar a los testigos que observan  las escenas de violencia.  Para conocer más información revisa la siguiente nota de El Mercurio.

Escrito por: Administrador Elige Educar

junio 6, 2017

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Foto:

El Mercurio, AP

A diferencia de otros programas que se enfocan en el matón o la víctima, la propuesta europea supone empoderar a los testigos que observan escenas de violencia, pero optan por callar.

Hace una década, Finlandia se transformó en el modelo a seguir en cuanto a educación escolar. Tras una seguidilla de buenos resultados en las pruebas PISA de Matemáticas, Ciencia y Lectura, la nación europea comenzó a ser considerada un ejemplo en cuanto a eficacia educativa: sus salas de clases aparecieron en televisión, sus académicos eran contactados para dar charlas y los establecimientos alrededor del mundo empezaron a ver cómo podían adaptar las costumbres del país del norte a su propia realidad.

Pero entonces algo pasó. A fines de 2007, nueve personas murieron en manos de un joven de 18 años que disparó dentro de su colegio en la localidad de Tuusula. Tras revisar los antecedentes que pudieron haber gatillado la masacre, se descubrió que el asesino había previamente sufrido de acoso por parte de sus compañeros.

Desde entonces, la misión de Finlandia se transformó no solo en asegurar los mejores resultados académicos, sino en fomentar que los niños que alcanzaban estos logros también fueran felices.

“El Ministerio de Educación y Cultura pidió que se volviera el enfoque del país, lo que también sirvió para crear conciencia mundial. Y es que el matonaje es un problema universal: entre el 10% y el 30% de los niños y adolescentes son víctimas sistemáticas de maltratos por parte de otros en el colegio”, explica Christina Salmivalli, profesora del departamento de Psicología de la Universidad de Turku y la creadora del método KiVa, el programa antiacoso que hoy se aplica con éxito en nueve de 10 establecimientos educativos en Finlandia.

Desde este año -y gracias a las gestiones de Santillana y académicos de la Universidad de los Andes-, el programa también comenzará a usarse en Chile.

Mientras que Santillana se encuentra en etapa de conversaciones con establecimientos interesados, desde la Universidad de los Andes el psiquiatra Jorge Gaete y la psicóloga Daniela Valenzuela ya trabajan en una investigación que, con fondos de Conicyt y la Academia de Finlandia, busca medir la efectividad de aplicar KiVa en 26 establecimientos (todos con un índice de vulnerabilidad por sobre el 75%) de la Región Metropolitana. Se espera que los resultados estén disponibles en abril de 2019.

En comunidad

El programa en Chile sigue la misma premisa con la que trabaja KiVa en Europa: más que detener al agresor o envalentonar a la víctima, el sistema promueve la responsabilidad social de los testigos, aquellas personas que no participan directamente en el matonaje, pero que sí presencian estos actos violentos que se repiten en el tiempo. Ante ellos ríen o guardan silencio, volviéndose cómplices.

“Influir en el comportamiento de los espectadores puede reducir el sentimiento de recompensa de los agresores y, en consecuencia, su motivación para intimidar en el primer lugar”, dice Salmivalli.

Para lograrlo, KiVa usa una serie de recursos, entre ellos las discusiones en grupo, el juego de roles, la visualización de videos en donde víctimas -en muchos casos, personas famosas- hablan sobre el daño que les provocó el bullying en su etapa escolar y una serie de programas en línea que recrean virtualmente un ambiente de colegio.

“Si uno analiza los programas contra la violencia y el acoso que han mostrado tener los resultados más positivos, se ve que las intervenciones que se realizan son a nivel universal; se involucra a toda la comunidad educativa. Además, no se hacen actividades aisladas de vez en cuando: muchas veces pasa que los colegios cometen el error de llamar a un experto para que dé una charla puntual y listo. En este caso, el programa se trabaja día a día, dándole un espacio particular en el currículum”, indica Javiera Astudillo, directora técnica del programa KiVa en Chile.

En cifras

18% de los chilenos de 15 años dicen ser víctimas de matonaje escolar una o más veces al mes, según los resultados de la última prueba PISA.

47% de los estudiantes no han participado en forma directa en acciones de violencia, pero han sido testigos de esta. Los datos son de la IV Encuesta Nacional de Violencia en el Ámbito Escolar.

10% de los niños que cursaban 6° básico en Finlandia en 2009 decían no sentirse seguros en el colegio. El año pasado, la cifra se redujo a solo 3 de cada 100 escolares.

Fuentes:

“Chile es el primer país latinoamericano en importar el método finlandés antimatonaje”, Margherita Cordero. El Mercurio

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2017-06-06T11:41:20+00:00 junio, 2017|Actualidad, Comunidad escolar|3 Comments

3 Comments

  1. Constanza Rueda junio 6, 2017 at junio, 2017

    Excelente decisión. No necesitamos alumnos genios! Cuando el ser humano se encuentra a gusto consigo mismo, se relaciona adecuadamente con los demás y es estable emocionalmente, su capacidad de aprendizaje se optimiza y se generan los elementos necesarios para hacer de la felicidad una realidad.

  2. Rebeca Bastidas A. junio 6, 2017 at junio, 2017

    Me parece muy interesante el Método KIVa para el abordaje del matonaje que se produce en los establecimientos educacionales, entre niños y adolescentes. Ésta conducta de maltrato entre unos a otros provoca inseguridad, baja autoestima, y esta lejos de conducir a una sana convivencia y resolución pacifica de los conflictos.

  3. eva junio 6, 2017 at junio, 2017

    Opino lo mismo, si el niño víctima acusa a la profesora, el grupo lo cataloga de delator o traidor y lo aísla. Si lo acusa con sus papás, el grupo cataloga al niño de mamon y tb lo aísla. Al final la única opción que queda es que el grupo de los pares apoye al niño víctima y de esa forma repruebe la conducta del agresor y pierde su recompensa a costa del otro niño más sensible o vulnerable

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