El contacto con la tierra ha traído grandes beneficios a este colegio de La Pintana

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El contacto con la tierra ha traído grandes beneficios a este colegio de La Pintana

Hace cuatro años, el establecimiento comenzó con un plan de educación ambiental que ha hecho que profesores, estudiantes y apoderados aprendan sobre reciclaje, lombricultura y compostaje, entre otros temas. Áreas que antes estaban prácticamente abandonadas, hoy son un espacio donde se instalan huertos e invernaderos.

Escrito por: Fuente Externa

octubre 4, 2018

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Una de las primeras cosas que se ve al entrar al Colegio Jorge Huneeus Zegers de La Pintana es un cartel que invita a los estudiantes a moverse en bicicleta. “Tiene cero emisiones, mejora la salud y ejercita tu cuerpo”, dice el aviso. A pocos pasos aparece el primer punto limpio, una zona especialmente habilitada para que los apoderados traigan residuos de cartón y botellas de plástico.

A medida que se recorre el establecimiento aparecen muchos otros espacios dedicados al reciclaje: hay basureros exclusivos para dejar papel blanco y otro para restos electrónicos. Con el objetivo de que aprendan a diferenciar residuos desde niños, en el patio de prebásica también hay basureros diferenciados.

No es lo único que desde chicos aprenden a distinguir los alumnos de este establecimiento subvencionado. Los distintos árboles que forman parte del colegio -donde estudian cerca de 3.500 niños de prekínder a 4° medio- tienen un cartel que indica su nombre común y el científico. “Los (árboles) nativos, además, llevan una bandera chilena dibujada”, explica Natalia Fuentes, encargada del programa de educación ambiental de la Fundación Educacional Isidora Zegers de Huneeus.

Toma de conciencia

Motivados por entregar a sus alumnos las bases para actuar como ciudadanos respetuosos con el medioambiente, en 2014, las autoridades del establecimiento decidieron incluir la educación ambiental dentro y fuera del aula, lo que significó destinar áreas que estaban abandonadas a huertos e invernaderos, así como otras a zonas para hacer lombricultura y compostaje. La materia, además, se integró al currículo como parte de las clases de Tecnología.

“De 3° a 6° básico estamos trabajando con la metodología del Aprendizaje Basado en Proyectos. En 3° básico, el objetivo de aprendizaje de Tecnología era crear un objeto tecnológico, algo nada que ver con medioambiente, pero nosotros lo ocupamos para que sí fuera medioambiental. En esa generación hay un problema grande de sobrepeso, así que lo que se creó fueron objetos que ayudaran a mantener un huerto con vegetales”, ejemplifica Fuentes.

Con las manos todavía sucias por haber estado trabajando con una mezcla de tierra, hojas, ramas y raíces, Alexandra López, de ocho años, cuenta que esta semana les tocó armar maceteros para cultivos. Los hicieron con botellas plásticas que cortaron por la mitad y a lo largo.

“Las rellenamos con compost, y ahora vamos a plantar una planta, para después cuidarla”, comenta. “Yo he ido enseñando en mi casa lo que aquí aprendo. Porque si no cuidamos el planeta va a pasar algo malo, que es que nos vamos a quedar con menos vegetación, y la necesitamos mucho”, dice convencida.

La toma de conciencia que han adquirido estudiantes como Alexandra, sumada al cambio de hábitos que también han tenido profesores y apoderados del colegio, hicieron que este año el establecimiento fuera seleccionado para formar parte de la Red de Escuelas Líderes, una iniciativa que impulsan Fundación Minera Escondida, Fundación Educacional Arauco, Fundación Educacional Oportunidad, Fundación Chile y “El Mercurio”.

Su objetivo es identificar proyectos que educan con éxito en contextos vulnerables, como es el caso del colegio Jorge Huneeus Zegers, donde el índice de vulnerabilidad llega al 88%.

Escuchar a las aves

“En algún minuto se dio la posibilidad de seguir agrandando el colegio, pero dijimos que no, porque pensamos que era importante dejar las áreas verdes para que los niños pudieran aprovecharlas. No todos tienen mucho acceso a parques o zonas verdes cerca de sus casas”, comenta Alejandra Huneeus, sostenedora del establecimiento. Lo dice instalada al lado de un gran cartel de madera que da la bienvenida y cita las reglas del huerto del colegio: entre otras cosas, apagar el celular, respetar a todos los seres vivos, escuchar el sonido de las aves y, ante todo, disfrutar.

Los apoderados también participan. “Les pedimos materiales de la casa, para que los niños vayan trabajando acá. Muchos, además, participan en voluntariados que involucran cosas como venir a pintar e intervenir paredes”, dice Huneeus. En varios muros del colegio hay dibujos de flores, bicicletas y arcoíris, que están cubiertos con tapas de botellas, corchos o discos compactos viejos.

“La basura acá no queda en el suelo, y las plantas se cuidan; en mi casa yo ahora me acostumbré a regarlas con mi mamá”, dice Jairo Maldonado, de ocho años.

Además de este nuevo compromiso con el cuidado del medioambiente, en el colegio celebran que el enfoque sostenible que han incorporado permita a los niños involucrarse de manera práctica en su aprendizaje, que se formen opiniones y sepan trabajar en equipo.

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2018-10-04T09:13:23+00:00 octubre, 2018|Noticias|0 Comments

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