La rápida expansión de la cobertura escolar fue clave en la baja del prestigio docente

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La rápida expansión de la cobertura escolar fue clave en la baja del prestigio docente

Al tener que reclutar a profesores de manera acelerada a mediados del siglo XX, se favoreció la creación de cursos de Pedagogía poco regulados. También influyó que al ampliarse las opciones laborales para las mujeres, muchas de las más talentosas o motivadas se alejaron de la carrera.

Escrito por: Fuente Externa

julio 25, 2018

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Roxana De Rond

Hace 60 años, en muchas comunidades, tanto urbanas como rurales, los profesores eran considerados una figura de autoridad que contaba con un conocimiento superior a la mayoría de la población. “En algunos lugares su prestigio era tan elevado, que un profesor incluso podía oficiar de juez de paz o notario”, indica un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) desarrollado por los economistas Gregory Elacqua y Diana Hincapié, la doctora en Educación Emiliana Vegas y la doctora en Economía de la Educación Mariana Alfonso.

En el texto “Profesión: Profesor en América Latina” los autores indagan en la historia de la educación en el continente, con miras a resolver qué factores llevaron a que con el tiempo, el prestigio docente fuera decayendo en la región. Un primer punto es la urbanización de la sociedad, que favoreció la disponibilidad de la oferta escolar.

A mediados del siglo XX, la rápida expansión de la cobertura escolar obligó a buscar de manera acelerada a nuevos docentes. “La respuesta de los países consistió, por un lado, en flexibilizar los requisitos para acceder al trabajo docente, y por otro, expandir -muchas veces de manera poco regulada- la formación docente”, indica el informe, que menciona como una estrategia generalizada fue la de abrir programas extraordinarios que brindaban un título docente de manera acelerada, dedicando un párrafo especial a Chile.

“A los docentes que recibieron su título de estos programas, la sociedad les puso en burla el apodo de profesores Marmicoc. Este nombre hacía referencia a una marca de ollas de presión para cocción rápida”.

Andrea Ruffinelli, académica de la Facultad de Educación de la U. Alberto Hurtado, explica que “el mayor impacto de estos programas impartidos en condiciones precarias y de evidente menor calidad, estuvo en que fueron originalmente pensados para formar a profesores en ejercicio sin título de educación, en horarios y modalidades especiales, compatibles con el ejercicio laboral. Son condiciones que rápidamente resultaron atractivas para otros centros formadores y para estudiantes recién egresados de enseñanza media, como una forma rápida y fácil de optar a un título universitario”.

Un estudio en el que Ruffinelli participó en 2005 mostró que al menos 16 mil docentes habían sido formados bajo esa modalidad, entre 2000 a 2005.

“Su falta de preparación y casi nulo manejo de contenidos se resolvieron con la necesidad permanente de tener que asistir a cursos dentro del Instituto Pedagógico, donde se les intentaba llenar de los contenidos que estos tenían que abordar en sus diferentes escuelas, para que pudiesen salir del paso o entregar una base para sus estudiantes. En la mayoría de los casos, fue una docencia basada en cuestiones generales o con un manejo superficial de los saberes. Esa misma situación provocó una profundización de la brecha educacional, pues el destino mayoritario de los Marmicoc fue la educación pública”, agrega Sergio Estrada, académico de la Escuela de Educación de la Universidad Mayor.

Buscar responsables

El concepto de brecha educativa sigue presente en la actualidad, indica Lorena Medina, decana de la Facultad de Educación de la U. Católica. “Hay varios estudios que muestran que los profesores peor evaluados están en los establecimientos más vulnerables y con peor rendimiento, mientras que los mejores evaluados están en los mejores establecimientos. Hay una directa relación ahí; es un círculo bastante vicioso que reproduce brechas”.

Medina destaca que “hasta los años 80 el tema fue la cobertura e incremento de carreras para responder a la demanda. Y de los 90 para adelante, ese interés por la cobertura empezó a desplazarse hacia los temas de calidad, sobre todo por la emergencia en Chile de las mediciones estandarizadas a gran escala, que mostraron falencia en el conocimiento disciplinario y pedagógico de los profesores. Los resultados Simce del 2000 para adelante también mostraron falencias, lo que llevó a buscar responsables. Ahí aparecieron los profesores: hubo desprestigio y culpabilización, generándose una tremenda desconfianza en las capacidades de quienes se estaban formando”, indica.

El otro factor que aparece como clave para explicar el desprestigio docente en la región es que a medida que se fueron ampliando las opciones laborales para las mujeres, muchas de las más talentosas o motivadas se alejaron de esta carrera, que previamente era una de las pocas disponibles para ellas.

“A medida que América Latina se industrializaba y expandía su aparato estatal a partir de las décadas de los 40, 50 y 60, se abrieron nuevas oportunidades laborales para las mujeres en trabajos de oficina. En paralelo, las mujeres comenzaron a acceder a mayores derechos, entre ellos, el sufragio. Pero uno de los cambios más importantes fue que cada vez más mujeres accedían a la educación superior, y con ello a labores mejor remuneradas”, indica el informe del BID.

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2018-07-25T12:56:23+00:00 julio, 2018|Noticias|0 Comments

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