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Por qué los estudiantes hacen trampa y qué hacer al respecto

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Por qué los estudiantes hacen trampa y qué hacer al respecto

Explorando la visión de investigadores y psicólogos, el profesor Andrew Simmons profundiza en las razones del plagio y ofrece algunas herramientas que pueden ser útiles para comprender y combatir este problema que se da en todas las escuelas del mundo.

Escrito por: Camila Londoño

mayo 29, 2018

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WikiHow

Hasta en las mejores escuelas del mundo, los estudiantes hacen trampa y el profesor Andrew Simmons quiso conocer las razones para poder hacer frente al problema. Según explica el docente en Edutopia, diversos investigadores y psicólogos han dicho que las razones varían enormemente, sin embargo, los profesores pueden aprender a identificar los elementos que motivan a sus estudiantes y pensar soluciones para evitar que caigan en esto.

Pero, ¿por qué los estudiantes hacen trampa?

Lo primero es entender que los estudiantes saben lo que están haciendo y reconocen que hacer trampa está mal. Según el Dr. David Rettinger –profesor de la Universidad de Mary Washington, y director del Centro de Honor Liderazgo y Servicio de la universidad–, “ellos hacen trampa lo suficiente como para mantener un concepto de sí mismos como personas honestas. Hacen que su comportamiento sea una excepción a una regla general”. Según explica el docente en Edutopia, Rettinger y otros investigadores aseguran que los estudiantes que hacen trampa pueden verse a sí mismos como personas con principios y justifican la trampa con razones que creen son legítimas.

¿Cuáles son esas razones legítimas? Algunos estudiantes lo hacen cuando no encuentran valor en el trabajo asignado o cuando perciben un énfasis excesivo en la enseñanza de un contenido vinculado a pruebas importantes. Algunos ex-alumnos de Simmons aseguraron que hacían trampa cuando no había un pensamiento crítico detrás de la tarea o cuando los profesores les preguntaban cosas que nunca vieron a lo largo de la clase. Otros, por su parte, hacen trampa incluso cuando creen que la tarea o evaluación tiene valor. Los buenos estudiantes que se sienten presionados por alcanzar la perfección, recurren a la trampa para tener ventajas en la competencia o para evitar que un único puntaje, sabotee el trabajo que han realizado. De hecho, según explica Andrew Simmons en el mismo artículo, la investigación ha descubierto que los estudiantes que reciben elogios por ser inteligentes se inclinan mucho más a exagerar su desempeño y a hacer trampa en las tareas, probablemente porque cargan con el peso de no bajar las expectativas elevadas que tiene otros sobre ellos.

Otro dato importante es que, si bien hacer trampa no es lo más emocionante, muchos estudiantes que se inclinan por rebelarse (de diversas formas), se sienten cómodos con esta acción e incluso están dispuestos a apostar cuando creen que pueden mantener el truco sin que nadie los atrape.

Otras investigaciones también sugieren que hacer trampa es contagioso y puede servir como una especie de adherente social, al menos en entornos donde la trampa es aceptada. Un estudio con alumnos de una academia militar –de 1959 a 2002– reveló que los estudiantes en comunidades donde se tolera el engaño, ceden fácilmente ante la presión de grupo y les resulta difícil no hacer trampa por miedo a perder el estatus social. Uno de los ex-alumnos de Simmons, por ejemplo, aseguró que si bien no necesitaba ayudar a sus compañeros para que hicieran trampa, era incapaz de decir que no y una vez que lo hizo, no pudo volver a parar.

Un elemento se suma a el contexto actual: la tecnología.

Con los smartphones, los alumnos tiene acceso fácil a todo tipo de información y respuestas rápidas. Algunos estudios han demostrado también que la tecnología, efectivamente, hace que los estudiantes puedan hacer trampa de una forma mucho más fácil y efectiva. En su libro y basado en una encuesta con alumnos que han hecho trampa, Donald McCabe, –profesor de la Rutgers University Business School– explica que el 60% de los estudiantes consideran el plagio digital como algo trivial y de hecho no creen que esto cuente como hacer trampa. Esto sucede porque los estudiantes están acostumbrados a re-publicar imágenes, cambiar el nombre de los memes, entre otras cosas. Esto hace que vean la propiedad intelectual como algo muy abstracto y como resultado, aunque quieren evitar sanciones por plagio, no lo ven como algo incorrecto.

Teniendo claros estos elementos, ¿qué acciones se pueden tomar para reducir el problema de la trampa?

Según explica Simmons basado en la investigación de expertos como Dr. Jason M. Stephens, todos los estudiantes, incluso los que no hacen plagio, necesitan ayuda para actuar con ética y los profesores están en una posición única para infundir en ellos un sentido de responsabilidad que les permita ver más allá de las razones que consideran “legítimas” a la hora de hacer trampa. A través de las siguientes acciones, esto puede ser posible:

1. Cambiar la estrategia: los estudiantes son más propensos a hacer menos trampa en trabajos que les interesa. Esto significa que diseñar actividades que realmente disfruten, es clave. Esto implica cambiar cosas como las evaluaciones de opción múltiple (tentadoras para los posibles tramposos), por ejercicios como proyectos de escritura donde se puedan medir las habilidades de otro forma. Según la investigación, la repetición en las tareas también fomenta la trampa, por esto, los docentes deben considerar la creación de tareas que animen a los estudiantes a pensar críticamente y ampliar las discusiones en clase. También pueden dar a los estudiantes un pase libre en una tarea cada trimestre o dejar que intercambien su puntaje más bajo por una tarea.

2. Cuidar el lenguaje: otros hallazgos indican que utilizar un lenguaje de mentalidad fija –como premiar por la inteligencia– en lugar de utilizar un lenguaje que reconoce el esfuerzo y el progreso, también puede desmotivar a los alumnos y los lleva a hacer trampa. Esto quiere decir que a la hora de dar retroalimentación, es importante que se utilicen frases como “progresaste notablemente en este trabajo” o “hiciste un excelente trabajo, pero aún hay áreas en las que puede seguir creciendo”.

3. Normas: permite que tus estudiantes puedan redactar sus propios estatutos o normas escolares. De esta forma desarrollarán una comprensión mayor de lo que implica engañar –para ellos y los demás–. Si ellos se empoderan de las normas, inspiran a los demás y establecen e impulsan una cultura escolar íntegra.

4. Metacognición: la metacognición se entiende como el “conocimiento sobre el conocimiento” o “pensar sobre pensar”. Las investigaciones sugieren que este proceso puede ayudar a que los estudiantes procesen sus motivaciones, objetivos y acciones. Lo que hace este profesor es utilizar una obra clásica: Macbeth. Antes de conocer a este particular personaje de Shakespeare, sus alumnos actúan como candidatos a la escuela de medicina, como jugadores de fútbol, políticos, y deciden si van a hacer trampa, si van a lesionar a alguien o si van a mentir para lograr sus objetivos. El docente insiste en que los estudiantes consideren los pasos que darán para obtener los resultados que desean y con base en esta información y en la obra se genera una reflexión.

5. La honestidad: muchos profesores integran al currículo académico discusiones sobre el comportamiento ético, esto incluye tomar acciones para que los estudiantes entiendan lo que significa el plagio digital y la importancia de acceder a recursos secundarios en línea.

En lugar de sólo penalizar, Simmons hace énfasis en la importancia de entender a los estudiantes y sus razones para tomar medidas que realmente les permita actuar diferente. Ofrecerles una enseñanza basada en sus intereses y entregarles herramientas para aprender de una manera entretenida puede ser el primer paso para evitar la trampa al interior de muchas escuelas.

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2018-05-31T16:36:29+00:00 mayo, 2018|Cómo aprenden los niños|0 Comments

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