“Los profesores debemos perder el miedo a enseñar de manera distinta”

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“Los profesores debemos perder el miedo a enseñar de manera distinta”

Trabajó en establecimientos de gran vulnerabilidad y optó por innovar en la forma de hacer clases. Después de 5 años, fue reconocido como uno de lo cinco finalistas del Global Teacher Prize Chile 2017. ¿Cuál es su historia? ¿Qué opina sobre la educación chilena? Descúbrelo en la siguiente nota de El Sur.

Escrito por: Fuente Externa

julio 4, 2017

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Global Teacher Prize

Mario Santibáñez es profesor de Biología en un establecimiento de gran vulnerabilidad. Optó por innovar la forma de hacer clases, lo que motivó a sus estudiantes pues les abrió un mundo de posibilidades y él fue reconocido entre 50 los mejores docentes del mundo por sus prácticas pedagógicas.

Creció en medio de los bellos y diversos paisajes de Valdivia, cultivando un amor por la naturaleza y su observación que lo llevaron a estudiar la carrera de Biología en la emblemática Universidad Austral de Valdivia, pues Mario Santibáñez Caro tenía el interés genuino de entender los múltiples procesos que en medio de los ecosistemas ocurren y cómo se van conectando y enriqueciendo unos a otros.

En aquel tiempo soñaba con disfrutar de explotar el mundo en forma de trabajo profesional y no en estar dentro de una sala de clases ejerciendo la docencia frente a decenas de estudiantes. Menos pensó que a sus 31 años iba a ser uno de los dos chilenos que estaría dentro de un selecto grupo de 50 profesores de distintos puntos del mundo destacados en el Global Teacher Prize 2017, celebrado en marzo en Dubai, y que además serían los primeros representantes del país en incluirse en este reconocimiento considerado el “Nobel de la Educación” y que premia la innovación en las prácticas pedagógicas.

Logros

Precisamente, la esencia de la labor que ejerció durante cinco años en el Instituto Tecnológico y Comercial de Recoleta, con una tasa de 90% de vulnerabilidad, como profesor de Biología, carrera que decidió estudiar mientras se desempeñaba como biólogo.

Así, combinó perfectamente su pasión con su vocación, basando su enseñanza en muchas salidas a terreno y actividades prácticas para cambiar la manera de hacer clases, lo que lo llevó a cosechar éxitos que implicaron que le pidieran replicar su modelo y experiencias en todos los establecimientos de la comuna, asumiendo el cargo de asesor del municipio en abril pasado, y de la que expuso en una charla realizada en Concepción hace algunos días, invitado por la Universidad San Sebastián.

Uno de los logros fue un proyecto en el que los estudiantes, luego de recolectar botellas plásticas y disminuir la cantidad de basura acumulada en la comunidad, las reutilizaron para desarrollar calentadores de agua para los camarines del establecimiento; trabajo que ganó el primer lugar en un concurso escolar del Banco Santander que regaló un laboratorio de computación al instituto.

“Eso fue sumamente motivante para los niños”, afirma, razón por la que siente que el reconocimiento internacional otorgado, al que fue postulado por uno de los alumnos que tuvo en el primer curso que tomó luego de obtener su título de profesor, “no solo es un logro mío, sino también de mis alumnos”, destaca.

Creer en los alumnos

Lo logrado junto a sus estudiantes no solo tiene un significado concreto por haber ganado un premio, sino que una implicancia mucha más profunda, pues fue la llave con la que le abrió el mundo a jóvenes que veían todas las puertas cerradas. Pero eso requirió esfuerzo, perseverancia y sobre todo, mucho cariño.

Y es que sus inicios en la docencia no fueron fáciles, captar la atención de los estudiantes fue un desafío complejo de alcanzar, confiesa. “Tenía estudiantes cuyos dos padres estaban presos o muertos, otros no los conocían o habían sido criados por vecinos, y también había algunos que estaban involucrados en la delincuencia o drogas. Iban al liceo para no estar en otra parte, pero estudiar no era su prioridad y sus expectativas eran mínimas. Había muchos que no asistían al establecimiento, no entraban a clases, dormían en la sala o estaban pendientes del celular”, recuerda.

Pero él no bajó los brazos, porque una de sus convicciones y pilar fundamental, “es que para ser profesor debes creer en lo que estás haciendo y debemos tener la capacidad de ver el potencial de los niños, sobre todo en contextos vulnerables, donde están acostumbrados a que la sociedad ya decidió por ellos: que van a ser delincuentes o drogadictos. Pero nosotros tenemos que creer en ellos”, afirma.

Él siempre creyó en sus alumnos y en que su rol tendría un enorme impacto, aseverando que la “educación es un motor de cambio, de paz y justicia”.

Mostrar el mundo

Por eso que ser profesor es, en su opinión, mucho más que dictar materia para cumplir los objetivos de la meta curricular, pues a veces el contenido no es lo que más requieren aprender los alumnos. “Los estudiantes vulnerables lo son en muchos aspectos, también en herramientas para desenvolverse en la sociedad, para solucionar un conflicto o tolerar la frustración y aguantar los fracasos. Como profesor tienes la responsabilidad de darle a los niños no sólo conocimientos, sino que valores y herramientas para desenvolverse; mostrarles que hay muchas posibilidades, que hay un mundo por descubrir“, afirma.

En ese sentido, dice que algo tan simple como una salida a terreno cristaliza lo anterior. “Abrile la ciudad o el país a los niños también les abre la mente y aumenta sus expectativas. Por ejemplo, con un grupo de estudiantes fuimos a Valparaíso y algunos nunca habían salido de Santiago, otros nunca habían visto el mar. Todo este grupo de acciones que pareciera que significan poco en realidad impactan muchísimo”, asevera.

Humanizar la clase

Cuando Mario Santibánez habla de las experiencias con sus alumnos es capaz de transmitir la satisfacción, orgullo y cariño que siente por ellos. Y no sólo porque se basan en la enseñanza de la temática que lo apasiona, tambien porque es un convencido de que para que un aprendizaje sea significativo debe ser efectivo, otorgando un rol primordial al vínculo en los alcances del éxito, sobre todo si se trata de un establecimiento vulnerables. “Cómo profesores tenemos la obligación de dominar el conocimiento que enseñarnos, saber enseñarlo y también generar vínculos porque estos niños no tienen vínculos en ninguna parte. Ese vinculo no es ser el mejor amigo o cumplir el rol de padre, es el profesor o profesora, pero ejerciendo ese rol con respeto, dignidad y confianza”, sostiene Mario, quien cree que en este ámbito estaría una de las falencias de la educación actual y que si bien hacen falta cambios de bases, en los sistemas de medición, en los curriculum, en la forma en que hace cien años se llevan haciendo clases, la transformación más urgente es humanizar los procesos educativos.

Cuando hablamos de humanizar no es filosofía, es cuando le das al otro dignidad, significancia y lo reconoces. Por eso, la humanización de la clase parte con algo tan simple como que te aprendas el nombre de los estudiantes. También hay que saludarlos a diario, pero no diciendo buenos días de manera general, sino a cada uno, mirándolos a los ojos, recibiéndolos cuando van llegando a clases, uno a uno. Eso cambia radicalmente la recepción de los estudiantes, vas generando confianza y ese es el vinculo que marca completamente la diferencia y conduce al éxito de los procesos de enseñanza y aprendizaje”

Enseñar con sentido

En el Global Teacher prize, con 50 finalistas, las iniciativas innovadoras son diversas, pero tienen un común denominador: “los profesores con los que compartí se la juegan, creen que pueden traspasar esos límites auto-impuestos, que se puede hacer mucho más”. Agrega que “ha avanzado el conocimiento y la tecnología, pero seguimos haciendo clases tal cual se hacía hace cien años”, destacando que ya no sirve pasar contenidos para que los estudiantes los memoricen y se logren cumplir los cientos de objetivos curriculares exigidos cada año, si hoy está disponible a un solo click. “Le tenemos miedo a un sistema invisible que nos va a castigar, pero debemos perder el miedo a enseñar de manera distinta, y enseñar lo que sabemos que hay que enseñar, no lo que nos piden. Estamos entrampados en esta maquina de enseñar casi sin sentido a máxima velocidad, cuando los aprendizajes son para la vida y si puedo enseñar cómo protegerse de una quemadura con ácido me doy por satisfecho, mucho más que si dices la ecuación química del bicarbonato, por ejemplo”, reflexiona. Además, recalca que cada aula es única y que el contexto influye en la educación y aprendizaje, por lo que currículos de contenidos y sistemas de evaluación estandarizados para todo los estudiantes deberían erradicarse, pues no consideran las diversas realidades y variables que pueden haber influido en la enseñanza.

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2017-07-04T12:42:17+00:00 julio, 2017|Actualidad, Voz de los profesores|2 Comments

2 Comments

  1. Mary Carmen B. R. julio 7, 2017 at julio, 2017

    Estoy de acuerdo que hay que enseñar es para la vida y no cosas insignificantes que no le sirven al individuo para nada y que en su mayoría los hacen desertar y que las salidas pedagógicas son la mejor manera de aprender.
    Soy docente del departamento de la Guajira

  2. Prof. Ana Vicenta Buitrago Bohórquezt julio 8, 2017 at julio, 2017

    Estoy completamente de acuerdo. El alumno es una persona que requiere de ser tratado como nosotros los docentes nos gusta que ellos nos traten. Acercarse a nuestros muchachos a través de lo que hacemos es maravilloso. Son tan receptivos que algunos muchas veces se convierten en nuestros amigos.a ellos les gusta que se les trate con amor y que se les haga crear conciencia de lo bueno o malo que deben hacer o enfrentar en su vida. Siempre hay que darles una razón de por qué y para qué les sirve lo que van aprehender en la clase. Ellos saben que el conocimiento hoy por hoy está en todas partes solo que tienen que buscarlo y saberlo utilizar de acuerdo con sus necesidades sociales, políticas y culturales de su entorno. Me gustó mucho este artículo y creo que no estoy tan lejos de lo que aquí se dijo.

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