Manuel Huichao: “Los educadores tradicionales tenemos que tener una visión del futuro del país”

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Manuel Huichao: “Los educadores tradicionales tenemos que tener una visión del futuro del país”

Corría el año 2016 cuando a Manuel Huichao le ofrecieron desempeñarse como educador tradicional en dos escuelas de la comuna de San Ramón (Chile). Hoy, después de dos años de ejercicio, compartió su apasionante historia con Elige Educar.

Escrito por: María José Lincovil

abril 17, 2018

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Foto:

Simón Díaz, Elige Educar

“¿Sabré tanto como para enseñar?”, eso fue lo primero que se preguntó Manuel Huichao cuando le ofrecieron desempeñarse como educador tradicional para la enseñanza del mapudungun en la Escuela Particular Francisco Ramírez y Elsa Ramírez de la comuna de San Ramón, ambas escuelas ubicada en la zona sur de Santiago (Chile) y con un alto porcentaje de estudiantes de origen mapuche. La decisión no era fácil, dada la importancia de este rol. Sin embargo, su compromiso con la educación y su pasión por esta lengua le dieron el impulso necesario para emprender este importante desafío.

Motivado por su historia personal y familiar, el 2016 Manuel Huichao comenzó a ejercer como educador tradicional justo antes de terminar su formación profesional como profesor de Música en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). En ese minuto, no tuvo duda de que la mejor forma de comenzar su carrera era mezclando precisamente su disciplina docente con este idioma.

“Cuando uno decide educar en una cierta área es porque hay una pasión detrás, hay un cariño, un amor por lo que uno está enseñando; y en este caso el amor por la lengua mapuche, por la cultura mapuche, es una inquietud que he tenido desde siempre -desde pequeño- y eso me llevó también a querer con muchas ganas aprenderlo… Y eso te lleva a querer compartirlo”, comenta Huichao.

Los educadores tradicionales suelen ser personas de avanzada edad que han sido reconocidos por sus comunidades como Kimche, “sabio” en mapudungun. Huichao, un joven profesor, escapa a esta realidad y, por lo mismo, se toma con humildad este rol. “Uno lo hace con la máxima humildad, porque en el mundo mapuche uno entiende también que el conocimiento está con la gente mayor”, explica. Para este profesor mapuche, esta experiencia es una gran oportunidad de llevar nuevas energías a la sala de clases, y además en un contexto urbano, donde contar con educadores tradicionales no siempre es fácil.

Como es de esperar, el proceso para transformarse en educador tradicional es tan complejo como el proceso por el cual pasan sus estudiantes al aprender una nueva lengua. Es un proceso continuo que nunca acaba y que avanza en la interacción con otro. Para Huichao, la clave de un educador tradicional está en tener el conocimiento del idioma y darle un valor en la práctica educativa, tanto para el pueblo mapuche como para el pueblo chileno. “El que es educador tradicional tiene que tener una visión del futuro del país, en el sentido de imaginar una sociedad donde haya un diálogo intercultural diferente al que ha habido durante toda la historia de Chile, que ha sido principalmente la negación de lo indígena, la negación de lo mapuche. Un educador tiene que tener clarito que lo que está haciendo es para construir una sociedad mejor”, enfatiza.

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En la escuela…

Manuel Huichao, Escuela Particular Francisco Ramírez. Fotografía: María José Lincovil, Elige Educar.

Al hablar sobre su metodología de enseñanza, Huichao rescata varios componentes propios de su cultura. La oralidad, las vivencias de los estudiantes y la conversación son parte fundamental de su trabajo en el aula: “Uno se inspira en su propia cultura, la cultura del respeto, la cultura de la oralidad, y también uno ha aprendido de otros kimeltuchefe, de otro kimelfes, de otros educadores… Ellos cuando enseñan mapudungun también te van dejando el mensaje sobre cómo tiene que ser, sobre cuál debe ser la visión del pueblo mapuche respecto a la educación. Uno se impregna también de eso, uno se inspira en eso”, relata Manuel.

El profesor destaca también la relevancia de la comunicación constante, abierta y horizontal como eje fundamental de su estrategia: “Uno enseña cómo aprendió, entonces uno se da cuenta de que la forma en que uno aprende la cultura mapuche es a través de la vivencia, es a través del compartir. Entonces, uno trata de llevar eso a la sala de clases, que es sumamente difícil porque la dinámica tradicional de las escuelas no es de ese modo, sino que tiene una estructura mucho más rígida, que apunta a otras cosas. En cambio, lo relacionado con lo mapuche implica escucharse entre todos”, explica. “Aquí todos tenemos voz, tanto el profesor como el que está aprendiendo”.

Además, al momento de enseñar, Huichao hace uso de aquellas herramientas que le ha entregado su formación como profesor de Música. Estas herramientas, sumadas a aquello que ha aprendido en su cultura, crean el clima perfecto para aprender a través del disfrute.

“Yo trato de ocupar los sentidos, todos los sentidos. Cómo soy profesor de música obviamente trato de usar las herramientas musicales. El canto, el oír, la creación; pero también busco ocupar otros sentidos. Yo trato finalmente de que el mapudungun nos cautive a través de nuestros 5 sentidos. No solamente escuchando cantos, cantándolos, reproduciendolos; sino también a través de trabajos manuales, trabajos visuales. En ese sentido trato de hacerlo lo más completo posible, aunque el corazón de mi trabajo es lo musical”, comenta. Y esta diversidad se refleja en la percepción de sus estudiantes, quienes destacan su actitud a la hora de enseñar: “Es super buena onda, siempre nos ha enseñado con esa actitud motivada y con alegría”, señala una estudiante de la Escuela Particular Francisco Ramírez.

En cuanto a las dificultades propias del aula, para este educador lo más complejo ha sido no caer en una disciplina punitiva a la hora de mantener el orden y atención de su clase. Y en ello la música ha cumplido un rol fundamental. “El área de la música por si sola te da herramientas atractivas para los niños. Por ejemplo, en la universidad aprendíamos técnicas para dirigir un coro, y esas mismas herramientas hoy las ocupo como herramientas disciplinares para llevar a cabo mi clase”, comenta.

A la hora de compartir su visión sobre el rol que juega en su labor el resto de la comunidad educativa, Manuel Huinchao es enfático: toda la comunidad educativa debe y puede involucrarse en este proceso. Para él, estudiantes, padres y profesores de otras disciplinas deben y pueden tener un rol protagónico en el proceso. “Creo que esto es importante, porque todo va conectado. La forma de entender el conocimiento mapuche es muy diferente a la forma de entender el conocimiento occidental, por ejemplo. El conocimiento occidental siempre se nos presenta en la escuela como asignaturas totalmente aisladas unas de otras; sin una conección entre ellas. En cambio, en la cultura mapuche uno no separa tanto las cosas, sino que todo va conectado, todo está unido, de modo que en la clase de mapudungun no solamente enseño a saludar, sino que también abordo contenidos relacionados con la naturaleza, con la astronomía… ”, comparte el educador.

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Todos los niños aprenderán mapudungun en la ciudad

Manuel Huichao, Escuela Particular Francisco Ramírez. Fotografía: Simón Díaz, Elige Educar.

Uno de los desafíos que debe enfrentar todo educador tradicional que trabaja en la urbe, es que la sociedad reconozca la importancia de enseñar mapudungun en un contexto urbano. Para sortear este de desafio, Manuel Huichao se ha enfocado en evidenciar que el mapudungun es más que la enseñanza de un idioma; es una herramienta de integración social que, además, permite respetar la pertinencia cultural de cada estudiante.

“Que nuestro contexto sea la ciudad es todo un tema. Me gustaría aclarar que esta visión es una reflexión personal y no una verdad absoluta, porque hay peñis que piensan muy diferente también. En principio “mapuche” significa “gente de la tierra”, entonces el mapuche siempre, toda la vida, ha estado ligado a la naturaleza, a la tierra, a un contexto social en el campo, básicamente. Eso es un principio muy importante en nuestra cultura”, explica. “Sin embargo, es la historia que había hasta ahora respecto a nuestro pueblo. Porque ahora la mayoría de los mapuches están viviendo en la ciudad. En Santiago, en Temuco, en Concepción o en los pueblos aledaños a estas comunas. Entonces, hoy también está la necesidad de mantener nuestra cultura en la ciudad”.

Para Manuel es importante que los estudiantes se involucren con la cultura mapuche. Solo así podrán entender si esto es parte de su realidad identitario o si solo es un herramienta que les permitirá conocer en mayor profundidad a otros estudiantes. Aquí no se trata de imponer. “Más adelante algunos van a decir ‘yo soy mapuche’ y van a reconocer sus orígenes; otros van a decir ‘no tengo orígenes mapuches pero, sin embargo, tengo un conocimiento que me ayuda a entenderlos’ .Eso es lo importante”. Para Manuel esta visión de la propia labor es aquello que lo mueve: “Este es el valor de enseñar mapudungun, no solamente la enseñanza de lengua como herramienta comunicativa, sino también el permitir que el pueblo chileno abra su mente. Es una herramienta de integración y de diálogo intercultural”.

La experiencia de Manuel Huichao hoy forma parte del libro “Mapuche Nütran Historias y voces de educadores tradicionales”, producido por el Centro de Investigación Avanza en Educación (CIAE) y editado por Margarita Calderón, Diego Fuenzaliza y Elizabeth Simonsen. A ellos, le agradecemos profundamente la oportunidad de mostrarnos por primer vez la historia este gran educador tradicional.

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