A muchos adolescentes les gusta leer, pero los colegios no siempre aprovechan ese interés

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A muchos adolescentes les gusta leer, pero los colegios no siempre aprovechan ese interés

Las propuestas de fomento lector suelen enfocarse en los primeros años de escuela, pero luego se deja a los jóvenes a la deriva. Para conquistarlos, algunas ideas son crear blogs con reseñas, incursionar en podcasts y hasta buscar recomendaciones a través de videos.

Escrito por: Fuente Externa

octubre 17, 2018

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Emily Rowland

Los séptimos básico del Viikki School de Helsinki (Finlandia) leen 15 minutos cada día. Aunque muchas veces lo hacen en su sala de clases, también es posible verlos recostados en los sillones de un espacio que el colegio diseñó para descansar.

“A los niños les digo que leer es como hacer deporte: uno sabe que te hace bien, pero también sabe que no es cosa de quedarse esperando a que a uno le den ganas de entrenar. A veces hay que obligarse, para que con el tiempo se forme el hábito. En algún minuto la intención nace sola”, comenta su profesora Terhi Törmälehto. Permitir que sus alumnos se echen y lean en sillones, dice que ayuda a que los estudiantes se relajen, acelerando este proceso de encanto.

Se trata de una práctica que ha instaurado el establecimiento finlandés para que los jóvenes no pierdan el hábito de leer mientras van creciendo. Finlandia destaca por sus buenos resultados en las evaluaciones PISA, entre ellos los de comprensión lectora.

Antes de implementar la estrategia, era común que el Viikki School se enfocara en potenciar la lectura en los primeros años, olvidando a los más grandes. Un fenómeno común a nivel global.

Según datos locales de Fundación La Fuente, en Chile solo 8,6% de los niños de 4° básico dicen leer por obligación. En 6° básico, la cifra llega al 22,9%.

Desconcierto

“Generalmente, en los primeros años se dan más espacios en los que el profesor o el bibliotecario lee en voz alta, a veces con propuestas muy dinámicas. Entonces puede que el paso de 5° a 6° básico, por ejemplo, sea muy drástico, empezando porque en muchos casos deja de ser un solo profesor el que dirige todo el curso. Se dividen en áreas y con eso cambia el nivel de exigencia; se asume una autonomía que el alumno puede no haber logrado como lector”, plantea Beatriz Robledo.

Robledo es profesora, ensayista e investigadora colombiana especializada en literatura infantil y juvenil. La semana pasada fue expositora en el seminario Leyendo en Red, encuentro que organizaron en Santiago y Villarrica las fundaciones Había Una Vez y Luksic.

En el seminario también participó Gemma Lluch, investigadora española en temas de literatura y adolescentes. “Pasa que dejan de leer un tipo de libro y leen otras cosas. Y a lo mejor esas otras cosas no están dentro de lo que desde la escuela se entiende como lo que deberían leer”, indica con respecto al supuesto declive lector al cumplir 11 o 12 años. Como ejemplo, menciona la popularidad de las sagas con protagonistas mujeres, entre ellas Los Juegos del Hambre o Crepúsculo.

La especialista española agrega que los establecimientos educativos deben entender que los niños no pasan de un día a otro a odiar los libros, pero que en ocasiones muchos dicen no leer (a pesar de que sí lo hacen) por vergüenza a que la práctica no sea bien vista.

Más allá de los cambios en el tipo de libros que se leen, Robledo y Lluch coinciden en que ha habido un cambio en los formatos de lectura, lo que a veces desconcierta a los profesores. Para muchos jóvenes se ha vuelto costumbre leer en sus celulares o tabletas.

Estos nuevos formatos no son necesariamente buenos o malos, pero sí requieren que los colegios estén dispuestos a hacer cambios si quieren sacarles provecho.

Nuevas metodologías

Algunos colegios que han optado por incorporar nuevas metodologías han creado blogs para compartir lo que un curso lee. “Lo que hacen es crear comunidades virtuales en internet con chicos de diferentes escuelas. Se proponen lecturas en redes como Twitter a través de una etiqueta ( hashtag ) que se comparte”, cuenta Lluch.

Para dar un toque moderno a los clásicos, se han creado diarios en línea en los que se “reportean” noticias asociadas con las aventuras del Quijote, o se ha pedido a los jóvenes hacer mapas virtuales donde se identifican calles con nombres de autores. Luego se hacen reseñas de libros que estos hayan escrito.

En vez de analizar la trama o personajes de una historia, en Finlandia se ha vuelto común pedir a los adolescentes que representen personajes en escenarios ficticios. Tras leer una novela sobre una guerra en Nigeria, un alumno de la clase de Terhi Törmälehto decidió interpretar a su protagonista en una supuesta conferencia de prensa. No hubo necesidad de examen escrito.

Las especialistas también advierten que para conquistar a los jóvenes con la lectura son recomendables los audiolibros, crear podcasts (comentarios radiales que se suben a la web ) o grabar videos, al estilo de BookTubers. En estos canales los usuarios suben clips en los que comentan acerca de distintos libros. Así, otros pueden opinar y entregar sus propias sugerencias, creándose un abanico de propuestas que después se pueden analizar en clases. “Las recomendaciones son sinceras; se analizan mucho los libros, lo negativo y positivo”, dice Jorge Albornoz, estudiante de 16 años de Chillán, quien constantemente envía videos al Concurso Nacional de BookTubers que organiza el Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas.

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2018-10-17T09:40:49+00:00 octubre, 2018|Noticias|0 Comments

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