Seis en uno: cómo ser un docente multitarea

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Seis en uno: cómo ser un docente multitarea

Cristián Contreras es profesor de Educación Básica y debe hacer clases simultáneas a 14 alumnos que cursan desde primero hasta sexto básico. Entre las 9 y las 16 horas no se detiene ni un minuto.

Escrito por: Fuente Externa

abril 9, 2018

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El Sur

—¡Felipe! ¿Estamos claros con el redondeo de los números? ¿Para qué sirve? —, pregunta el profesor Cristián Contreras.

—Para poder recordarlo—, contesta el estudiante muy rápido y sin titubear.

—Mira Franco— le dice el profesor a otro alumno, inmediatamente después- una unidad vale uno, la decena vale diez y el centeno vale cien.

Al mismo tiempo, un niño de no más de seis años le tira el delantal al docente pata decirle que ya terminó de resolver los ejercicios, a lo que responde que espere un momento. Pero el estudiante se mantiene ahí de pie, estoico, esperando contar con su atención.

Así pasan los días del profesor Cristián: dividiendo su cabeza en los 14 estudiantes que tiene y en los siete cursos que debe impartir de forma simultánea. “Es entretenido, pasa todo el día rapidito, no se da cuenta uno”, dice en mitad de una clase de matemática y mientras varios alumnos demandan atención. No para un segundo desde que ingresa al salón.

Cristián Contreras (35) es profesor de Educación General Básica y trabaja en la Escuela Ranguel de Hualqui, un establecimiento rural que funciona con un solo docente, quien debe impartir todas las clases y hacerse cargo del recinto educacional por completo. Si él no limpia, nadie más lo hará y su única colega es una manipuladora de alimentos que vive frente a la escuela y que cocina el almuerzo para los niños y para él.

Se hizo conocido en 2013 por trabajar sin sueldo durante meses en otra escuela unidocente, una de carácter subvencionado ubicada en el sector Santo Domingo de Hualqui. En 2015 fue premiado con $5 millones por el empresario Leonardo Farkas por su espíritu trabajador y el año pasado fue becado por la Universidad de Concepción (UdeC) para que realizara un magíster. A todo lo anterior se suma que este año logró que la Escuela de Ranguel, donde trabaja desde 2014, fuera reconocida con la Excelencia Académica por los altos puntajes obtenidos en la prueba Simce.

A la escuela se llega por un camino de tierra en buen estado y que queda distante a unos 12 kilómetros de Talcamávida. Caminar desde allí al recinto toma un par de horas.

Contreras reconoce que en un principio no fue fácil hacerse cargo de un establecimiento rural unidocente. La dificultad radica en que la universidad no enseña técnicas para este tipo de desafíos, por lo que en el camino tuvo que ir aprendiendo qué metodología le funcionaba mejor para que cada uno de sus alumnos recibiera la materia que correspondía y que la sala de clases se mantuviera tranquila, sin caer en un caos.

Todos ocupados

Las primeras horas del martes corresponde a Matemática. Tras entrar a clases a las 9 de la mañana, el profesor Cristian reparte una guía de ejercicios y divide la pizarra por curso para comenzar a enseñar. “Tuve que ir pensando en estrategias distintas. Por ejemplo, los más chicos cuando van partiendo requieren más atención. A los más grandes les funciona la metodología de rincón, que significa que deben trabajar entre dos o tres, lo pueden hacer porque son más autónomos”, dice sobre sus métodos de enseñanza.

La clave, asegura, es mantenerlos ocupados y que no haya un momento en que los niños no sepan qué hacer. Por eso, una vez que termina la jornada escolar a las 4 de la tarde y regresa a su casa en el sector urbano de Hualqui, se queda en la noche preparando material para los días siguientes. Para los más pequeños, los recortes son ideales para motivar la concentración.

“Si no preparo la clase, es complicado. Así que les traigo guías o uso la tecnología, les hago videos cortitos a cada curso para que así todos puedan ver algo. Si empiezo a buscar en el momento, inmediatamente todos me miran para saber qué hago y se desordenan”, sentencia.

Lo único que hacen todos juntos es la asignatura de Educación Física. “Ahí corremos o hacemos juegos todos juntos, no nos dividimos”, comenta y agrega que la diferencia de edad no ha sido un problema para que sean amigos entre ellos y puedan jugar en los recreos.

Y si bien hoy logra mantener la atención de todos sus alumnos, sin perder la concentración ni dejar a nadie de lado, se trata de una técnica que tuvo que ir perfeccionando en sus 11 años de carrera.

Lucha con la precariedad

Contreras se inició en la docencia en la escuela Santo Domingo, nombre que comparte con el sector rural de Hualqui que se sitúa a unos 15 kilómetro de Ranguel, de subida.Se trataba de un establecimiento subvencionado con muchas carencias que hoy no existe.

“Mi sueño siempre fue trabajar en el campo, yo había escuchado de otro profesores cómo era trabajar acá y lo único que pensaba era en la igualdad. Yo sé que los niños del campo están postergados”, dice Contreras sobre sus inicios.

En Santo Domingo veía cómo sus alumnos debían caminar dos horas para poder llegar a clases y los materiales para aprender eran construidos por ellos mismos en madera, como los ábacos. Hoy, dice el docente, la municipalidad les compra todos los útiles y los estudiantes cuentan con transporte escolar para llegar a la escuela.

“Fue parte del compromiso cuando llegué en 2014 a esta escuela, donde también llegaron los alumnos que eran de Santo Domingo. Están más regalones”, dice riendo Contreras, sin desconocer el esfuerzo de los niños por aprender.

Las escuelas rurales solo funcionan hasta sexto básico y después deben acudir a la zona urbana de Hualqui y a otras comunas cercanas a terminar su enseñanza básica y media. Eso significa ir donde un familiar o que les paguen una pensión con apenas 11 años.

“Que un alumno siga estudiando para mí es un logro, porque es fácil que se queden trabajando en la madera. Tengo dos ex alumnos que ya están en la universidad y del resto ninguno repitió un curso. Para mí eso es haber logrado la igualdad con cualquier niño de Concepción”, dice el docente con seriedad, agregando que mantiene contacto a través de redes sociales con sus ex alumnos.

La única sala de clases de la Escuela de Ranguel es de madera, tiene unas cortinas azules que las mandó a confeccionar el propio profesor y una estufa a leña para pasar el invierno. Casi olvidado se halla un antiguo televisor que aún funciona. No lo necesita, porque Contreras utiliza proyector para mostrar material educativo desde su computador.

Las mesas son individuales y aunque hay muchos estudiantes sentados en parejas más cerca, la mayoría estan a poca distancia de su compañeros. Los más grandes atrás del salón.

La escuela también la componen un comedor, una sala de computación y mucho espacio libre para correr. En el patio también existe un pequeño huerto.

Pareciera poco comparado con los actuales recintos de escuela de ciudad. Pero en el campo muchos niños no tienen televisión y nunca la han visto, mientras que en casos más extremos ni siquiera cuentan con luz o agua potable. Leer se trasforma en uno de sus mejores pasatiempos.

Superación

“El conocimiento siempre ha sido solicitado en el campo. Es como que enseñan lo mínimo de lo mínimo y eso no puede ser”, sentencia sobre el esfuerzo que ha realizado porque sus estudiantes aprendan.

Pero su frase no es gratuita. Muestra una prueba de matemática de cuarto básico de uno de sus alumnos y quien obtuvo un 7. “Este niño llegó de una escuela urbana el año pasado y sólo sabía hasta el número 600, no mas. Su carpeta decía que era estudiante de integración y con dificultad de aprendizaje. ¿Qué dificultad tiene si esta es una prueba de cualquier niño de Concepción? Esta prueba da para un Simce y se logró en siete meses. ¿Realmente tenía dificultades o solo faltaba un poco de cariño?”.

Uno de los más pequeños lo interrumpe, quiere que el abroche las zapatillas para volver al recreo. En el campo no existe el pretender ni el kínder y el primer alejamiento del hogar se produce en primero básico, pero ellos se integran bien, afirma el docente.

Cristián Contreras reconoce que es feliz en el campo. Ha hecho algunos talleres especiales en escuelas urbanas y nota que el cambio es fuerte. “Aquí me escuchan los 14 estudiantes, allá con suerte cinco. Los alumnos del campo son más respetuosos, ante alguna desobediencia levanto la voz una vez y ya está. En cambio en la ciudad son irrespetuosos, están con el celular y los papás también son faltos de respeto”, sentencia.

Por eso no se ve fuera de la zona rural, pese a que no pertenece a la planta municipal sino que es a contrata y su permanencia se va renovando año a año, dependiendo de la decisión del Daem local.

“Pese a que no paro en mis horas de clases, yo no sé lo que es estrés. Mientras que mis compañeros de otras escuelas por lo menos han pedido licencia una vez. Tengo harta pega, es verdad, pero he ido viendo el reconocimiento”, comenta.

Actualmente termina el Magíster de la UdeC en Didáctica de la Matemática, asignatura en la que se había especializado y aparte de estar en Ranguel, acude a otras comunas a capacitar a sus propios colegas. “Allí veo mi realización”, dice.

Es hora de retomar a clases, así que acude a una antigua campana y la hace sonar con fuerza. No hace falta tocarla mucho, rápidamente aparecen corriendo los pequeños estudiantes, listos para continuar aprendiendo cosas que no se imaginaban.

Fuentes:

“Seis en uno: cómo ser un docente multitarea”. El Sur de Concepción.

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2018-04-10T08:46:24+00:00 abril, 2018|Actualidad|0 Comments

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