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“Sentirse frustrado con los estudiantes puede contribuir al agotamiento de los maestros”

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“Sentirse frustrado con los estudiantes puede contribuir al agotamiento de los maestros”

Esta profesora hace una reflexión acerca de las quejas entre colegas e invita a cambiar esta cultura dentro de las escuelas compartiendo 4 herramientas útiles.

Escrito por: Camila Londoño

agosto 5, 2019

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Getty Images/Education Week

Lauren Vargas fue profesora de matemática durante nueve años en una escuela del Norte de Filadelfia. En un artículo escrito para Education Week, recuerda sus días como docente y cómo más de una vez se quejó de su profesión junto a sus colegas. Muchas de esas quejas giraban en torno a la profesión en sí misma y a cosas que todos los docentes del mundo enfrentan, como los horarios, la planificación, las calificaciones o los sueldos. Pero muchas otras, comenta Lauren, también tenían que ver con los estudiantes: mi tercer periodo de clase me está volviendo loca. ¿Cuándo parará Ben de hablar. ¿Por qué los estudiantes no entregan sus tareas. Estas eran algunas de las expresiones de quejas más cotidianas durante su tiempo como maestra. Lauren está segura que muchos docentes se puede sentir identificados y esto sucede porque enseñar, efectivamente, es desafiante. Sin embargo, basada en su propia experiencia, asegura que quejarse de los estudiantes no sólo puede ser perjudicial para los docentes, sino que también puede afectar de forma directo e indirecta a los estudiantes.

Ahora, el trabajo de Lauren es apoyar a los ”entrenadores de instrucción”. Un entrenador de instrucción, en EE.UU., es alguien cuya principal responsabilidad es llevar las prácticas basadas en evidencia a las aulas, trabajando con maestros y otros líderes escolares. En su nuevo rol ha tenido la oportunidad de oír comentarios negativos en distintos niveles, los mismos comentarios que ella hacía cuando era docente y que muchas veces vienen, incluso, de los profesores más positivos de la escuela. Entonces, desde distintos ángulos de su profesión ha descubierto que, aquello que dicen los docentes acerca de sus estudiantes realmente afecta, para bien o para mal.

“No importa cuánto tiempo de planificación dediquemos a las lecciones o cuánto digamos sobre lo mucho que creemos que todos los niños pueden lograrlo, pues cuando hacemos comentarios como estos, impacta en la manera que podemos ayudar a todos los estudiantes a alcanzar su máximo potencial”, dice Lauren en Education Week. Y, ¿de qué forma afecta concretamente?

1. Las quejas refuerzan las bajas expectativas, y quejarse con otros maestros puede crear un espacio donde las bajas expectativas se validan.

2. Quejarse absuelve a los profesores de la responsabilidad de llegar a todos los estudiantes. Lauren explica que esto es una manera de culpar a los alumnos. Contrario a esto los profesores deberían, dice Lauren, reflexionar sobre los cambios que se pueden hacer para ayudar a todos los estudiantes a participar y aprender mejor.

3. Quejarse de los estudiantes crea un vacío o una distancia entre profesores y estudiantes. Puede, en otras palabras, generar la sensación de “bandos”.

4. Esta dinámica puede establecer una cultura laboral tóxica pues se generan sentimientos negativos sobre el trabajo que se realiza. “Cuando repito el mensaje de que los estudiantes no están motivados y no hay nada que pueda hacer al respecto, empiezo a sentirme menos motivado al enseñar mis mejores lecciones todos los días. En última instancia, sentirse frustrado con los estudiantes regularmente puede contribuir al agotamiento de los maestros, en lugar de generar una carrera de vida centrada en el conocer a los estudiantes y relacionarse alegremente con ellos”, dice Lauren.

Entonces, ¿qué sugiere Lauren? ¿Cómo cambiar o hacer frente a esta cultura de quejas?

1. Cambiar el vocabulario o las frases

Esto es más simple de lo que parece. Significa tratar a los estudiantes como te gustaría que ellos te traten a ti. Para esto, Lauren sugiere eliminar algunas expresiones que solo destacan las bajas expectativas que se tienen: son niño, no están motivados, son hiperactivos, esta generación, sus padres no están comprometidos, etc.

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2. Desafío de una semana

A lo largo de una semana, intenta no quejarte de los estudiantes. Intenta fijarte en aquellos momentos en los que estás a punto de quejarte y analiza cómo te sientes cuando no lo haces.

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3. Habla con tus colegas

“A menudo sentí que quejarse era la norma en mi escuela”. dice Lauren. “Y ahora lamento no haber tomado un papel más activo para enfrentar esa cultura directamente”, agrega. Como ella lo vivió, sugiere invitar a otros profesores a cambiar esta dinámica. No se trata de generar enfrentamientos, sino hablar de una manera cercana y amable acerca del problema, destacando lo mucho que todos quieren a sus estudiantes. Es clave no olvidar que el rol de los líderes en las escuelas, también es fundamental en esta tarea.

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4. Reemplazar las quejas

En lugar de quejas, habla de algo positivo, de aquello por lo que estás agradecido, de cómo los estudiantes crecen y aprenden. La idea es generar conversaciones grupales que generen alegría para todos, potenciando así, comunidades escolares más cercanas.

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Fuentes:

Ed Week

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2019-08-05T16:10:32+00:00 agosto, 2019|Mejora docente|0 Comments

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