Desligar las dos pasiones de Gabriela Mistral, el de la educación y el de la literatura, es imposible; ambos intereses constituyen los pilares esenciales de su vida, de su historia. De hecho, las primeras incursiones de la poetisa en el mundo de la literatura, se dieron de la mano de sus comienzos como maestra rural.
Gabriela vivió, a lo largo de su vida, muchos altos y bajos en el mundo de la educación, pero con el tiempo, se convirtió en una actriz esencial del sistema educativo dentro y fuera de Chile. Y de la mano con esto, siempre estuvieron las letras, aquellas que la llevaron a ganar el Premio Nobel de Literatura.
De hecho, en su trayectoria como maestra y directora del Liceo de Niñas Nº6 de Santiago, Gabriela escribe su famoso Decálogo del maestro, donde enumera aquellas acciones que no deben olvidarse cuando se enseña. Amar, simplificar, insistir, enseñar, vivificar, y pensar, son algunas de las invitaciones que hace Gabriela a todos quienes dedican su vida al aula, a los estudiantes. Hoy recordamos el decálogo de la poetisa y gran maestra rural de Chile:
Si no puedes amar mucho, no enseñes a niños.
Saber es simplificar sin quitar esencia.
Repite como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección.
Con intención de hermosura, porque la hermosura es madre.
Para encender lámparas basta llevar fuego en el corazón.
Cada lección ha de ser viva como un ser.
De que tu oficio no es mercancía sino oficio divino.
Para dar hay que tener mucho.
Mira a tu corazón y ve si está puro.
En que Dios se ha puesto a crear el mundo de mañana.