Como profesora de aula por más de 22 años siempre he tratado de ser muy analítica de los procesos educativos que llevo a cabo y en los que me encuentro inserta. Pero sin duda, este proceso de pasar de la educación presencial a la educación virtual en tan solo dos días ha sido una de los procesos que más me han llevado a reflexionar sobre educación.
Muchas veces y a lo largo de la historia de Chile, y del mundo, los profesores somos foco de críticas. Un ejemplo histórico de aquello, ocurrió en la década de 1950, fue intensa la crítica a las escuelas públicas de Estados Unidos, el lanzamiento del satélite soviético Sputnik en 1957 puso en duda la calidad del sistema educacional norteamericano. Pese a la irracionalidad de esta acusación, los políticos de la época la hicieron perdurar.
Pero, especialmente en esta situación, alguien se ha preguntado: ¿qué hemos tenido que vivenciar los maestros en este experimento espontáneo de realizar educación virtual contra incertidumbre y pandemia?
Esta pandemia ha dejado notar muchos problemas del proceso educativo como parte de la sociedad chilena. Lo primero que se puso de manifiesto es la tremenda desigualdad e inequidad que existe en la educación chilena: muchos estudiantes y profesores no cuentan con los recursos materiales mínimos para iniciar sus clases de forma virtual, y esto no es algo que leí en algún medio de comunicación, es lo que he vivido con mis propios estudiantes y a través de mis propios colegas.
En segundo lugar, otra de las grandes dificultades fue que, a pesar de que algunos estudiantes y profesores contaban con recursos materiales como computador e Internet, no necesariamente contaban con un espacio para iniciar sus clases, las que requieren de un clima de trabajo y/o estudio adecuado para la atención perceptual. Corolario de esto, surge una tercera problemática muy relevante y con patrones de género claramente definidos, es la doble presencia del trabajo laboral y familiar que muchos profesores, y especialmente profesoras han debido sobrellevar.
El cuarto problema que queda de manifiesto en esta crisis, es que tanto algunos estudiantes como algunos profesores, no contaban con la preparación o capacitación para transformar e iniciar, de un día a otro, clases virtuales, donde no solo se requiere de conocimientos sobre plataformas y software, sino de nuevas estrategias metodológicas y de evaluación, especiales para clases virtuales, ya sea sincrónicas o asincrónicas.
A pesar de todas estos problemas y del agobio laboral, la mayoría de las y los docentes hemos intentado –en contra de la presión del medio educativo y social– y de la incertidumbre de esta pandemia, en términos de salud, trabajo y situación económica, llevar a cabo los procesos de aprendizaje con nuestros estudiantes.
Además, hemos tenido que duplicar nuestros espacios y transformarlos en algunos momentos en salas de clases y en otros momentos en el comedor de nuestras familias; hemos tenido que invertir tiempo en aprender sobre tecnología y al mismo tiempo a aprender sobre estrategias metodológicas; hemos tenido que rediseñar nuestras clases y nuestras formas de evaluación, hemos tenido que invertir tiempo para responder preguntas individualizadas y contestar decenas de emails, chats y mensajes por varias vías.
Hemos debido a aprender autocontrolar nuestras emociones para apoyar, no solo a nuestros estudiantes, sino también hemos tenido que contener a las familias de nuestros estudiantes para ayudarlos a comprender los nuevos procesos educativos y hemos tenido que contener a nuestras propias familias. Sin embargo, también hemos tenido que comprender nuestro agobio, poco a poco, para darnos cuenta que también nosotros estamos viviendo esta pandemia y sus incertidumbres.
También nos ha tocado revisar la relevancia del currículum nacional y la valoración de la profesión docente en la sociedad chilena. Así surgen una serie de preguntas como:
Tal vez estas preguntas no puedan ser respondidas en este simple texto, pero sin duda, nos llevan a replantearnos la educación que muchos profesores queremos para nuestros estudiantes.
Karin González Allende es Académica del departamento de Estudios Pedagógicos de la Universidad de Chile. Tras 21 años de experiencia, Karin González se desempeña como docente en Trewhelas´s School y el Liceo Experimental Manuel de Salas. Además de dictar clases en la Universidad de Chile. Esta doble militancia, entre el contexto escolar y universitario le ha permitido mantener los “pies en la tierra” al momento de formar a los futuros profesores.