Llega la navidad y en la escuela se realizará un show de talentos (Talent Show). Una niña está entusiasmada con la idea y le comparte a su papá un papel con la invitación del evento. Justo en ese momento él recibe una llamada del trabajo; está demasiado ocupado y no puede ver lo que le ha entregado su hija. Aunque ella se frustra un poco por la situación, no se niega a seguir adelante con la idea de participar en el show. Pase lo que pase, ella bailará esa noche.
Baila en la sala mientras su papá plancha, baila mientras su padre arregla el auto, baila mientras su papá lava los platos… baila, baila y baila. Mientras tanto, su papá aparenta no poner mucha atención. Él sigue demasiado concentrado trabajando y haciendo múltiples tareas del hogar.

Cuando se abre el telón y ve a toda la gente, se paraliza. Además, no ve su padre en el público. Está a punto de llorar, pero de repente, él aparece. Siempre estuvo ahí en el público, listo para grabar su presentación con su celular. Al ver tan afligida a su hija, decide darle todo su apoyo mostrándole, desde abajo, los pasos del baile que tanto había practicado. Entonces, ella empieza a bailar, se conecta con su papá y logra terminar la presentación que tanto había soñado.

Su apoyo e interés aquella noche de navidad, fue el impulso que ella necesitó para seguir adelante. Esto evidencia que tanto en casa, como en la escuela, los niños necesitan que crean en ellos, que los apoyen y que potencien sus habilidades. La presencia de un adulto y el rol que éste cumple en la vida de un niño o un joven, es esencial para que ellos entiendan que siempre, pese a los miedos o la inseguridades, pueden lograrlo, pueden cumplir sus sueños, pueden ser capaces. El desenlace de la historia de esta bailarina es feliz e invita a reflexionar sobre el rol del adulto y cómo éste puede marcar la diferencia para que ellos aprendan, crezcan y se desarrollen plenamente.