Un día, Alvin Irby, un antiguo educador de párvulos de un jardín infantil en Nueva York, salió del metro con su mochila (maleta) llena de libros infantiles y entró a su peluquería en la Avenida Lexington, un lugar lleno de máquinas de afeitar, personas conversando y películas proyectadas en televisores de pantalla plana. Irby tenía una misión: hacerse un corte de pelo con su peluquero de confianza (Kenny) y además, revisar los 15 libros infantiles que había dejado en un estante rojo de madera bajo los abrigos de todos los clientes. En letras amarillas, el estante decía “Libros de la peluquería” (Barbershop Books).

Nickolai Hammer/NPR
Dos de los libros estaban en un banco y esto le sugirió que efectivamente habían sido utilizados. Según se narra en KQED, El educador tomó los dos libros, los dejó en el estante, agregó uno de los que llevaba en su mochila e hizo un comentario que deja claro el propósito detrás de este estante lleno de libros infantiles: “Ahora bien, este es el asunto: ¿esto será utilizado para fines educativos en el aula? Es una pregunta retórica. La respuesta muy a menudo es NO. ¡Pero debería ser así!”
Por esta razón, diseñó este proyecto (Barbershop Books) de fomento lector al interior de las peluquerías. Con su iniciativa, niños y peluqueros escogieron 15 libros para docenas de peluquerías de Estados Unidos (especialmente en barrios predominantemente negros). Su objetivo, además de fomentar la lectura en los niños, es lograr que los niños de estos barrios, se identifiquen a sí mismos como lectores. Esto significa convertir la lectura en algo divertido y sobre todo, en algo a través de lo cual se puedan sentir identificados.
En KQED, Irby asegura que estos niños están llegando a jardines infantiles con una mínima exposición a los libros y la lectura. Esto significa que tiene carencias en habilidades de lectura. Pero al mismo tiempo, sus escuelas carecen de competencias culturales. ¿Qué quiere decir esto? Que no encuentran la manera de traducir lo que los niños quieren saber o leer a través de los libros, hecho que los afecta notablemente. El educador y autor afirma que los espacios educativos deberían centrarse menos en las pruebas de lectura que hacen sentir a los niños derrotados, y escuchar más a los alumnos, entendiendo así cuáles son sus fortalezas, experiencias e intereses.
“Una vez que descubres cómo se identifican los estudiantes”, dice Irby, “entonces puedes comenzar a elaborar [leer] experiencias que se personalizan según lo que son y lo que es más importante para ellos”. Y esto es justo lo que está intentando hacer él con su proyecto: ofrecer oportunidades de lectura entretenidas e importantes para quienes se acercan a sus libros. Y lo ha logrado; no sólo hay niños como Vincent que han leído los 15 libros a los que puede acceder en su peluquería, también hay otras personas –no educadores– que se ha inspirado para fomentar la lectura con dinámicas similares. Además, en 2017, el proyecto ganó un premio otorgado por la National Book Foundation. Su plan de fomento lector ha dado resultado y ahora espera que ese acceso a la literatura esté al alcance de TODOS.
Fuentes: