Todos los años, la Fundación Compartir en Colombia, otorga un premio al mejor profesor del país. Este reconocimiento nacional destaca la labor docente y visibiliza casos de grandes profesores, entre ellos Luis Miguel Bermúdez, docente que en 2018 estuvo entre lo 10 finalistas del Global Teacher Prize, galardón conocido a nivel mundial como el “Nobel” de la enseñanza. Este año, el Premio Compartir al mejor profesor fue otorgado a Carlos Enrique Arias, un docente del colegio San Antonio María Claret (de Montelíbano, Córdova), quien fue elegido entre 1.074 profesores por su proyecto Aula investigadora: la investigación como un proceso de lectoescritura y la lectoescritura como herramienta fundamental de la investigación, con el cual está transformando la vida de sus estudiantes.
“Antes de empezar con este proyecto, la mayoría de mis estudiantes se graduaban y no querían saber nada de la educación superior: se casaban jóvenes, se embarazaban jóvenes, se metían en grupos armados o en el negocio del narcotráfico y terminaban repitiendo el mismo círculo de pobreza de sus papás”, asegura Arias en el mismo medio. A esta problemática se sumaba el hecho de que el colegio no generara aprendizajes realmente significativos. Entonces, el profesor asumió el reto de impulsar cambios a través de la lengua castellana y la investigación, cambios que apuntaban a generar mejoras partiendo de una base social. “Debía enseñarles a investigar para que aprendieran a entender lo que les pasaba en su vida cotidiana y en su entorno más cercano”, explicó el profesor.
La iniciativa tiene como propósito potenciar en los estudiante la capacidad de búsqueda e indagación rigurosa, y al mismo tiempo, enseñarle distintas herramientas TIC. Estos dos elementos apuntan a que los jóvenes mejoren sus bajos niveles de lectura y además, descubran el origen de su realidad socioecnómica. “Quería ayudarles a entender que su pobreza no era decretada por los cielos, que había una lógica detrás y que eso se podía cambiar”, comenta el profesor.
En su proyecto se destaca el hecho de que los estudiantes fortalezcan competencias comunicativas básicas, como la lectura, la escritura, la oralidad, el pensamiento crítico, los argumentos, la autonomía y el respeto por las diferencias de opinión. Y esto fue justamente lo que más destacó el jurado que le otorgó el premio. Otro hecho interesante es que a través de esta estrategia, los proyectos liderados por los estudiantes deben surgir de sus necesidades, intereses, problemas o inquietudes, por esta razón, ellos son el centro de todo. “Desechamos la clase tradicional, en la que el maestro enseña y los estudiantes aprenden, y empezamos a aplicar los conceptos y las tesis de Paulo Freire y Marco Raúl Mejía. La educación debe ser una negociación cultural, una transacción de significaciones en la que hay que valorar el diálogo de saberes, incluidos los preconceptos de los estudiantes”, afirma.
En este proceso aprenden también competencias morfosintácticas, pragmáticas y estilísticas, las cuales les permiten construir conocimiento propio. Esto significa que aprenden a pensar por sí mismos y a cuestionarse las cosas, en lugar de repetir. ¿Y cuáles han sido los resultados? Ahora el 94 % de los egresados estudian un programa técnico, tecnológico o una carrera profesional. Este logro es impresionante, especialmente porque el colegio está situado en un rincón de Colombia abandonado por el Estado y afectado por la violencia. Entonces, el proyecto del mejor profesor de Colombia ha significado una transformación importante desde muchos puntos de vista y ha generado un cambio de mentalidad en estudiantes que han aprendido que pueden llegar cada vez más lejos.