La voz y necesidades específicas de las estudiantes deben influir en nuestras decisiones pedagógicas y en la forma en que concebimos nuestra labor docente en todas las materias.
¿Qué podemos decir acerca de la importancia de devolver a las mujeres del mundo sus derechos y posibilidades de desarrollo que en la actualidad no se haya dicho? Los fundamentos teóricos del feminismo han sentado ampliamente las bases de la urgencia de trabajar desde todos los ámbitos, para lograr un trato justo e igualitario entre hombres y mujeres.
Sin embargo, el cambio real de la situación de la mujer en nuestro mundo no puede quedarse solo en reconocer las injusticias de las que hemos sido víctimas a través de los siglos ni en proclamar la necesidad de generar un cambio profundo y definitivo, ya que las buenas intenciones son solo el inicio para un nuevo comienzo. Luego de ellas, debe venir la acción permanente a través de las palabras, las decisiones, los gestos, las miradas y de las expectativas reales que tenemos acerca de lo que las niñas pueden lograr para ocupar el lugar que ellas deseen en este mundo.
En este sentido, la escuela tiene mucho que decir y, especialmente, que hacer.
Idealmente el respeto y equidad entre géneros debieran experimentarse, en primer lugar, en los hogares. Sin embargo, cuando no podemos asegurarnos de que así sea, el sistema educativo debe ser una fuente real de cambio, reducción de brechas, compensación y desarrollo. Lo anterior debe ser asumido por educadoras y educadores como un objetivo primordial que no puede ser considerado como una elección, ni tampoco una postura intelectual, sino como un deber ético.
A la escuela le corresponde ser un espacio de vida y desarrollo en comunión con el otro, donde constantemente se replantee y rechace aquella historia de la humanidad que desde siglos ha relegado las mujeres al ocultamiento y el olvido.
La voz y necesidades específicas de las niñas deben influir en nuestras decisiones pedagógicas y en la forma en que concebimos nuestra labor docente.
No podemos pretender generar cambios en el presente, cuando venimos desde siglos repitiendo los mismos patrones o generando las mismas respuestas a preguntas diferentes. Que todos los niños y niñas deban recibir educación de calidad es una necesidad inexpugnable, pero la forma de llegar a vivenciarla debe considerar que hombres y mujeres somos diferentes y que tenemos derecho a esa especificidad y diferencia.
El trabajo con la literatura, por ejemplo, más allá de los propósitos específicos que lo sustentan, ofrece grandes oportunidades para comprender la situación de la mujer a través de la historia y tomar conciencia de los estereotipos, creencias y censuras de las que han sido víctimas tanto los personajes de ficción femeninos, como las mujeres escritoras en determinadas épocas.
Los cuentos, las novelas, los poemas y todo el conjunto de producciones literarias que leamos junto a nuestros estudiantes deben incluir necesariamente una perspectiva de género, sin importar la edad o nivel escolar. La lectura siempre será una excelente herramienta para reafirmar en las niñas el valor de ser ellas mismas y su importancia para el desarrollo social, porque a través de diferentes relatos conocerán lo que nos hace únicas y diferentes, pero también aquellos patrones, prejuicios y estereotipos de los que nos debemos alejar de una vez y para siempre.
Marcela Herínquez es Profesora de Español, Magíster en Literaturas Hispánicas y Doctora en Literatura Latinoamericana, graduada de la Universidad de Concepción. Imparte clases de Lengua y Literatura en el Liceo Bicentenario Carlos Montané de Quirihue, establecimiento perteneciente a la Educación Pública. El año 2017 fue una de las 5 finalistas del Global Teacher Prize Chile y en 2018 fue elegida una de las 50 mejores profesoras del mundo en la versión internacional del premio impulsado por la Varkey Foundation.
Leave a Reply Cancel reply